La Generalitat Valenciana ha tomado una decisión polémica al adjudicar un contrato de reconstrucción tras la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) a varias empresas, entre las que se encuentra Urbaser, una firma con la que el Ayuntamiento de Madrid ha tenido una relación cercana. Este contrato, que asciende a 178,9 millones de euros, es el mayor desembolso realizado por el gobierno de Carlos Mazón para mitigar los daños causados por el temporal del 29 de octubre. Cada una de las empresas involucradas recibirá 59,65 millones de euros.
La adjudicación ha suscitado críticas debido a la conexión de Urbaser con el Ayuntamiento de Madrid, donde ha obtenido varios contratos de limpieza, incluyendo uno relacionado con la instalación de cantones en el distrito de Fuencarral-El Pardo. Este proyecto ha sido objeto de controversia, ya que los vecinos han expresado su oposición a la ubicación de estos cantones, argumentando que afectan a áreas residenciales y educativas.
El proceso de adjudicación ha sido calificado como «a dedo», lo que ha generado descontento entre la oposición y los ciudadanos. La Generalitat ha sido acusada de favorecer a empresas vinculadas al Partido Popular (PP), lo que ha llevado a cuestionar la transparencia y la equidad en la distribución de fondos públicos. Hasta la fecha, se han asignado 241,5 millones de euros en contratos de emergencia relacionados con la DANA, muchos de los cuales han sido otorgados a empresas con conexiones políticas.
Entre las empresas que han recibido contratos se encuentran algunas con antecedentes cuestionables. Por ejemplo, una firma vinculada a un exministro de Fomento y otra relacionada con un empresario condenado por la trama Gürtel. Estas conexiones han alimentado las sospechas de que la administración de Mazón está priorizando intereses políticos sobre la necesidad de una reconstrucción efectiva y justa.
La situación se complica aún más con la oposición de los vecinos de Montecarmelo, quienes han solicitado la reubicación de los cantones de limpieza a áreas menos pobladas. A pesar de las protestas y las demandas de cambio, el Ayuntamiento ha desestimado estas solicitudes, lo que ha llevado a un aumento de la tensión entre los residentes y las autoridades locales.
La controversia no se limita a la adjudicación de contratos, sino que también refleja un patrón más amplio de gestión de crisis en la Comunidad Valenciana. La falta de comunicación y la percepción de favoritismo han erosionado la confianza pública en las instituciones. Los ciudadanos exigen una mayor transparencia en la gestión de los recursos destinados a la reconstrucción y una revisión de los procesos de adjudicación para garantizar que se prioricen las necesidades de la comunidad.
En este contexto, la Generalitat se enfrenta a un desafío significativo: equilibrar la necesidad de reconstrucción con la exigencia de rendición de cuentas y transparencia. La presión de los ciudadanos y la oposición política podría forzar cambios en la forma en que se gestionan estos contratos en el futuro, pero por el momento, la situación sigue siendo tensa y llena de incertidumbre.