El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha demostrado que no se rinde fácilmente en el juego político, especialmente cuando se trata de influir en los medios de comunicación. Su enfoque hacia Prisa, el grupo mediático que publica El País y La Ser, refleja una estrategia similar a la que utilizó con Ciudadanos en el pasado. A medida que la situación se intensifica, la figura de Joseph Oughourlian, presidente de Prisa, se convierte en el centro de atención.
La historia reciente entre Sánchez y Prisa ha estado marcada por tensiones y maniobras estratégicas. En 2019, durante las sesiones de control al Gobierno, Sánchez enfrentó a Albert Rivera, líder de Ciudadanos, en un ambiente hostil que terminó con la caída de este partido en las elecciones posteriores. Ahora, con Oughourlian al mando de Prisa, el presidente del Gobierno parece estar dispuesto a aplicar tácticas similares para asegurar el control sobre los medios que influyen en la opinión pública.
Oughourlian ha tomado decisiones clave para proteger sus intereses, como la destitución de directivos que abogaban por la creación de una nueva televisión y la realización de una ampliación de capital de 40 millones de euros. Estas acciones han incrementado su participación en Prisa, dejando a otros empresarios aliados del PSOE en una posición complicada. La Moncloa, por su parte, ha diseñado un plan que, según fuentes socialistas, es casi infalible, aunque reconocen que habrá obstáculos en el camino.
Uno de los elementos cruciales en esta estrategia es el papel de Telefónica, que podría convertirse en un aliado clave para establecer una nueva televisión en abierto. El Gobierno ha tomado las riendas de la operadora y está considerando esta opción, aunque los detalles de cómo se implementará siguen siendo inciertos. De cara a la junta de accionistas de Prisa programada para junio, se vislumbran dos posibles caminos: acercar posturas con Vivendi, que posee un 11% de Prisa, o presionar a Oughourlian para que venda activos clave como El País y La Ser, mientras retiene Santillana y la deuda.
La situación financiera de Prisa es delicada, con una caída del 99% en su valor en bolsa desde sus máximos. La presión sobre Oughourlian proviene no solo del Gobierno, sino también de los acreedores como Pimco, que han estado exigiendo la venta de Santillana para reducir la deuda acumulada. Este escenario ha llevado a Oughourlian a buscar soluciones que le permitan mantener el control de la compañía mientras navega por un entorno financiero complicado.
Vivendi, bajo el liderazgo de Arnaud de Puyfontaine, ha mantenido una postura cautelosa respecto a su relación con Oughourlian. En declaraciones recientes, Puyfontaine ha negado cualquier intención de hacerse con el control de Prisa y ha desmentido rumores sobre presiones o ultimátums. Sin embargo, su falta de apoyo explícito a Oughourlian en la próxima asamblea de accionistas podría abrir la puerta a una reconfiguración del liderazgo en Prisa.
El futuro de Prisa y su dirección dependerá en gran medida de las decisiones que se tomen en los próximos meses. Si Vivendi decide respaldar un cambio en la cúpula de Prisa, esto podría dar fuerza a los críticos de Oughourlian y cambiar el rumbo del grupo mediático. Por otro lado, si Oughourlian logra mantener su posición y asegurar el apoyo necesario, podría consolidar su control sobre Prisa y continuar con sus planes de expansión, incluyendo la creación de una nueva televisión.
La situación actual es un claro reflejo de cómo el poder político y mediático se entrelazan en España. La Moncloa, bajo la dirección de Sánchez, está dispuesta a jugar sus cartas para asegurar que los medios de comunicación se alineen con sus intereses, mientras que Oughourlian se enfrenta a un juego de alto riesgo para proteger su imperio mediático. En este contexto, el desenlace de esta batalla por el control de Prisa será crucial no solo para el futuro del grupo, sino también para el panorama mediático y político en España.