Toni Pons celebra 80 años como referente global de alpargatas artesanales, con 32 millones de euros de facturación en 2025 y presencia en más de 90 países. Su origen humilde en Osor (Girona), su modelo de producción híbrida entre artesanía y industria, y su apuesta por materiales naturales como el yute y el lino, la posicionan como caso de éxito en moda sostenible y economía local.
¿Cómo surgió Toni Pons desde una barbería en Osor?
Todo comenzó en los años 20 con Lluís Pons Sureda, barbero de Osor. Sin clientes, fabricaba espardeñas para complementar sus ingresos. Con su esposa abrió una tienda de comestibles que también vendía el calzado hecho a mano. El taller, llamado Can Lluís Espardenyer, fue el germen de una empresa familiar.
El salto industrial en 1946
Antoni Pons transformó el oficio en industria. En 1946 creó tres centros especializados: fabricación de calzado, suelas y telares para lona. Este modelo permitió escalar sin perder el control de la calidad.
¿Qué explica su expansión internacional y su facturación de 32 millones?
Francia fue su primer mercado exterior en los años 90. La proximidad geográfica y cultural facilitó la entrada. Luego llegaron Portugal, Colombia, Estados Unidos y Arabia Saudí. Su modelo de distribución combina mayoristas especializados, tiendas multimarca y e-commerce propio.
Inversión estratégica en infraestructura
La nueva sede en Monfullà (Bescanó) refleja su crecimiento. Con 13.300 m² y 14 millones de euros invertidos, integra producción, logística y oficinas. El 3.000 m² destinado a oficinas refuerza su capacidad de diseño y gestión internacional.
¿Por qué las alpargatas de yute siguen siendo su modelo más icónico?
La alpargata de yute representa su esencia: ligereza, flexibilidad y conexión con la tierra. Su suela trenzada, corte en lona o piel y pespunte manual visible son rasgos técnicos invariables. Cada par requiere intervención humana en el cosido final: el artesano hunde la aguja, tensa el hilo y rodea el zapato con precisión.
Una rareza industrial en 2025
En un sector dominado por automatización, mantener el cosido manual es una decisión estratégica. No es solo estética: garantiza durabilidad y personalización. Este proceso representa menos del 5 % de la producción global de calzado, según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Calzado (AeFEC).
¿Cuál es el marco legal y económico que sustenta su modelo?
Toni Pons opera bajo el régimen de Indicación Geográfica Protegida (IGP) Alpargatas de Cataluña, reconocida por la UE desde 2019. Esto exige que al menos el 70 % de la producción se realice en Cataluña y que se usen materiales tradicionales como yute, cáñamo o lino.
Datos Clave
- Fundada en 1945, con raíces artesanales desde los años 20
- Facturación 2025: 32 millones de euros
- Presencia en más de 90 países
- Nueva sede de 13.300 m² en Monfullà (Bescanó), con inversión de 14 millones de euros
- Certificada bajo la IGP Alpargatas de Cataluña
- Más del 60 % de sus materias primas provienen de proveedores locales o europeos
El impacto económico va más allá de los números. Toni Pons mantiene 320 empleos directos, el 85 % en zonas rurales de Girona y Lleida. Su cadena de suministro apoya a pequeños agricultores de yute en España y Portugal. Desde 2022, ha reducido un 22 % su huella hídrica mediante reciclaje de aguas en tintorerías propias. Su modelo no solo resiste la globalización: la reconfigura desde la autenticidad, la trazabilidad y el kilómetro cero.
