Un devastador terremoto de magnitud 7.7 ha golpeado a Myanmar, dejando a su paso una tragedia sin precedentes. A cuatro días del sismo, las cifras de víctimas continúan aumentando, con un recuento oficial que ya supera los 2,700 muertos y más de 4,500 heridos. La situación se complica aún más debido a las condiciones civiles y políticas del país, que ya enfrentaba desafíos significativos antes del desastre.
El terremoto, el más fuerte registrado en el país en un siglo, ha causado una destrucción masiva, especialmente en la ciudad de Mandalay, donde se han reportado imágenes de devastación total. La población, aterrorizada por el temblor y las réplicas, se encuentra durmiendo al aire libre, temiendo más sacudidas.
Las autoridades han informado que hay al menos 441 personas desaparecidas, pero se teme que la cifra real de víctimas sea mucho mayor, ya que muchas áreas siguen inaccesibles para los equipos de rescate. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha estimado que hay un 35% de probabilidad de que el número de muertos alcance entre 10,000 y 100,000.
La división política del país, marcada por la lucha entre la Junta Militar y el Gobierno de Unidad Nacional, ha complicado aún más la respuesta al desastre. A pesar de que ambos grupos han acordado una tregua temporal para facilitar la llegada de ayuda humanitaria, la falta de coordinación y la disparidad en los datos proporcionados por cada bando dificultan la evaluación precisa de la situación.
Mientras tanto, organizaciones como UNICEF están movilizando recursos para atender a los millones de niños que se encuentran en riesgo tras el terremoto. La necesidad de suministros de emergencia es urgente, y la comunidad internacional ha comenzado a ofrecer apoyo, aunque la entrega de ayuda se ve obstaculizada por la inestabilidad política.
En Tailandia, que también sintió el impacto del terremoto, se han reportado 20 muertes y alrededor de 70 personas desaparecidas. La tragedia en Myanmar ha llamado la atención mundial, y se espera que la comunidad internacional intensifique sus esfuerzos para ayudar a los afectados en este momento crítico.
La magnitud del desastre y la complejidad de la situación en Myanmar resaltan la necesidad de una respuesta coordinada y efectiva para mitigar el sufrimiento de la población afectada. Las próximas semanas serán cruciales para determinar el alcance real de la tragedia y la capacidad de recuperación del país.