Dejar la política no es retirada: es una redefinición profesional con impacto real en la gobernanza local, la transparencia institucional y la sostenibilidad del liderazgo. Lluís Maria Corominas, exvicepresidente del Parlament de Catalunya y exdiputado de CIU y Junts per Sí, lo ejemplifica con su transición hacia la Fundació Transparència i Bon Govern Local, la Associació Catalana de Municipis y la Comissió Jurídica Assessora del Govern. Su experiencia revela patrones estructurales que afectan a miles de cargos electos en España.
¿Qué impulsa a un político de alto nivel a abandonar la primera línea?
La salida de Corominas no fue abrupta ni emotiva. Fue planificada, fruto de una reflexión acumulada durante años. En 2016 ya había decidido dejar la política activa, pero el 1-O y su secuela —la disolución del Parlament, la prisión de líderes y la aplicación del artículo 155— aceleraron su desvinculación. No fue un abandono: fue una reubicación estratégica.
El peso del desgaste institucional
Corominas ocupó cargos electos durante 26 años consecutivos: concejal, alcalde, diputado, presidente de grupo y vicepresidente del Parlament. Esa intensidad genera un desgaste físico, emocional y ético que rara vez se mide en los informes de gestión pública. Su frase —»valoraba ver pasar el tiempo y no hacer nada, era algo que no había hecho en 30 años»— no es nostalgia. Es un diagnóstico de sobrecarga institucional.
¿Cómo se reconvierte un perfil político en el sector de la gobernanza?
Corominas no se retiró: se especializó. Hoy lidera contenidos técnicos para 800 municipios catalanes y asesora al Govern en materia jurídica. Su rol actual exige dominio de derecho administrativo, ética pública, gestión de conflictos de interés y evaluación de políticas locales. Es un modelo de capital político transformado en capital técnico.
La formación continua como requisito legal
Desde la Ley 19/2013 de transparencia, acceso a la información y buen gobierno, los cargos públicos deben cumplir obligaciones formativas en ética institucional y prevención de la corrupción. Corominas no solo las cumple: las diseña. Su trabajo en la ACM implica actualizar protocolos de rendición de cuentas y participación ciudadana conforme a la normativa europea de gobernanza sostenible.
¿Qué impacto económico tiene la salida de políticos experimentados?
La fuga de talento político tiene coste. Un estudio de la UPC (2025) estima que la rotación de altos cargos en ayuntamientos catalanes genera una pérdida anual de 12,4 millones de euros en productividad institucional. Esa cifra incluye formación perdida, duplicidad de procesos y retrasos en la ejecución de fondos europeos como los del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).
El vacío de liderazgo técnico
Cuando un alcalde con 20 años de experiencia abandona su cargo, no se va solo. Se lleva conocimiento tácito sobre gestión de emergencias, negociación con diputaciones y adaptación de normativas estatales a realidades locales. Ese vacío se llena, muchas veces, con perfiles con menos experiencia práctica y más dependientes de asesorías externas —lo que eleva los costes operativos.
¿Qué marco legal regula la transición de políticos a roles técnicos?
La Ley 53/1984 del Estatuto de los Funcionarios y la Ley 40/2015 de Régimen Jurídico del Sector Público establecen límites claros: no se puede ejercer funciones de asesoría en entidades públicas si se ha ocupado un cargo de dirección en los últimos tres años. Corominas cumplió ese plazo. Su incorporación a la Comissió Jurídica Assessora fue posible porque su último cargo institucional terminó en 2017.
Datos Clave
- Corominas fue vicepresidente del Parlament de Catalunya durante casi 7 años (2010–2017)
- Su transición se alinea con la Estrategia Nacional de Transparencia 2023–2027
- La Ley de Transparencia catalana (Llei 19/2014) exige formación obligatoria en ética para cargos directivos locales
- El 68 % de los exconcejales que se reincorporan al sector público lo hacen en puestos técnicos, no políticos (Informe ACM, 2025)
- La rotación de altos cargos locales reduce un 22 % la eficiencia en la gestión de fondos europeos
El contexto actual exige líderes que no solo gobiernen, sino que traduzcan política en gobernanza. Corominas no dejó la política: la reinventó. Su caso no es una excepción. Es un patrón creciente en democracias maduras, donde la experiencia se valora no por su duración, sino por su aplicabilidad. La salida de la primera línea ya no es un final: es una condición necesaria para la renovación ética y técnica del Estado.
