Un robo de cable de cobre en infraestructuras ferroviarias de Sant Feliu de Llobregat provocó retrasos de hasta 30 minutos en la línea R4 de Rodalies este miércoles. Los Mossos d’Esquadra detuvieron a dos sospechosos tras una persecución en la B-23 y recuperaron los 150 metros sustraídos. Aunque la respuesta fue rápida, el daño ya había afectado la operatividad del servicio. El incidente evidencia la vulnerabilidad de las redes ferroviarias ante robos organizados de metales no ferrosos.
¿Qué impacto tuvo el robo de cobre en el servicio de Rodalies?
El robo ocurrió entre las estaciones de Sant Feliu de Llobregat y Molins de Rei, en una zona gestionada por ADIF. Los ladrones cortaron y retiraron el cable de cobre de forma intencionada, afectando sistemas de señalización y alimentación eléctrica. Como consecuencia, los trenes con destino Martorell tuvieron que iniciar y finalizar su recorrido en Hospitalet de Llobregat. Esto generó una cascada de retrasos y sobrecarga en estaciones intermedias.
¿Por qué el cobre es un objetivo recurrente para los robos ferroviarios?
El cobre tiene un alto valor en el mercado de metales secundarios. Su precio oscila entre 8.000 y 9.000 euros por tonelada, según datos de la Asociación Española de Recicladores de Metales (AERME). Además, su extracción no requiere maquinaria especializada: basta con herramientas manuales y un vehículo para transportarlo. Esto lo convierte en un blanco frecuente en infraestructuras mal vigiladas, especialmente en zonas periféricas como Sant Feliu.
¿Cómo actuaron los Mossos d’Esquadra ante el robo?
Tras el aviso de los vigilantes de ADIF, se activó un dispositivo inmediato con varias patrullas. Los agentes localizaron la furgoneta sospechosa circulando por la B-23. La persecución fue breve y sin incidentes graves. Los dos detenidos, de nacionalidad española y con antecedentes por delitos contra el patrimonio, fueron identificados en menos de dos horas. El material fue recuperado íntegramente.
¿Qué marco legal regula estos robos en infraestructuras críticas?
El robo de elementos en instalaciones ferroviarias está tipificado como delito contra la seguridad del tráfico (artículo 380 del Código Penal). Si se demuestra que el acto puso en peligro la integridad de viajeros o trabajadores, la pena puede elevarse hasta 5 años de prisión. Además, ADIF y Renfe aplican protocolos de seguridad reforzada tras cada incidente, incluyendo inspecciones técnicas obligatorias y actualización de sistemas de detección perimetral.
¿Cuál es el impacto económico real de estos robos en Catalunya?
Cada robo de cobre en red ferroviaria supone un coste promedio de 12.000 euros: 4.500 euros en material, 3.000 en mano de obra técnica y 4.500 en pérdidas operativas. Según datos de la Generalitat, en 2025 se registraron 47 incidentes similares en la red de Rodalies, con un impacto acumulado estimado de más de 560.000 euros. Además, el 68 % de los retrasos mayores de 20 minutos en líneas suburbanas tienen origen en sabotajes o robos de infraestructura.
Datos Clave
- Se sustrajeron 150 metros de cable de cobre, clave para la señalización ferroviaria.
- Los retrasos afectaron a más de 35.000 viajeros en la R4 durante la mañana del miércoles.
- La detención se produjo en menos de 110 minutos desde el aviso inicial.
- El robo se enmarca en una tendencia al alza: +22 % de robos de metales en infraestructuras críticas en Catalunya en 2026 (según informe de la UCO).
La incidencia en Sant Feliu refleja una tensión creciente entre la presión económica sobre los recicladores informales y la exposición de infraestructuras estratégicas. No se trata de un hecho aislado, sino de un síntoma de una red de suministro con puntos débiles detectables y corregibles. La coordinación entre ADIF, Renfe y los Mossos ha mejorado, pero la prevención sigue dependiendo de inversiones en sensores, iluminación inteligente y vigilancia humana en horarios de menor actividad.
