El magnesio es uno de los suplementos más vendidos en 2026. Muchos lo toman para dormir mejor, reducir la ansiedad o proteger el corazón. Pero la evidencia científica no respalda todos los beneficios que circulan en redes sociales. El cardiólogo José Abellán aclara qué funciona, qué no y para quién es realmente útil.
¿El magnesio baja el colesterol?
No. El magnesio no reduce el colesterol total, el LDL ni los triglicéridos. Esta creencia es un mito extendido sin respaldo en ensayos clínicos rigurosos. Ni la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ni la FDA aprueban su uso para modificar perfiles lipídicos. En personas sanas, tomar magnesio no previene infartos ni alarga la esperanza de vida cardiovascular.
Efecto real sobre la tensión arterial
El magnesio sí tiene un efecto modesto sobre la presión arterial. Reduce la sistolica entre 2 y 4 mmHg en personas con hipertensión diagnosticada. Pero ese efecto es clínicamente irrelevante como estrategia única de prevención en la población general. No sustituye a los antihipertensivos ni a cambios de estilo de vida comprobados.
¿Qué dice la evidencia sobre el sueño y la insulina?
El glicinato de magnesio es la forma mejor estudiada para mejorar la calidad del sueño. Actúa como modulador del receptor GABA, favoreciendo la relajación neuromuscular. Su eficacia es moderada y depende de la deficiencia basal del paciente. En personas con niveles normales de magnesio sérico, el efecto es mínimo o nulo.
Resistencia a la insulina y metabolismo
Varios metaanálisis confirman que el magnesio oral mejora ligeramente la sensibilidad a la insulina, especialmente en personas con prediabetes o diabetes tipo 2. El efecto se observa tras al menos 3 meses de suplementación a dosis de 300–400 mg/día. No es un tratamiento, pero sí un apoyo complementario bajo supervisión médica.
¿Quién realmente necesita suplementación de magnesio?
No toda la población requiere suplementos. La deficiencia de magnesio es rara en personas sanas con dieta equilibrada. Pero sí es frecuente en ciertos grupos: pacientes con síndrome de malabsorción, alcoholismo crónico, diarrea crónica, o bajo tratamiento con diuréticos de asa o inhibidores de la bomba de protones.
Formas de magnesio: no todas son iguales
La biodisponibilidad varía según la sal. El glicinato, el citrato y el taurato tienen mayor absorción intestinal. El óxido de magnesio, aunque común, tiene menos del 4 % de biodisponibilidad y actúa principalmente como laxante.
¿Qué dice la ley y el mercado actual?
En la UE, los suplementos de magnesio se regulan como alimentos, no como medicamentos. Esto significa que no requieren aprobación previa de eficacia ni seguridad. Las etiquetas pueden incluir afirmaciones como «apoya la función muscular» o «contribuye al equilibrio electrolítico», pero no pueden declarar efectos terapéuticos como «reduce el colesterol» o «previene infartos». Sin embargo, muchas marcas incumplen esta norma en redes sociales y tiendas online.
Datos Clave
- El magnesio no reduce el colesterol, ni el LDL ni los triglicéridos.
- Su efecto sobre la presión arterial es leve: 2–4 mmHg en hipertensos.
- El glicinato de magnesio es la forma con mejor evidencia para mejorar el sueño.
- Solo el 2–5 % de la población adulta presenta deficiencia clínica real, según la OMS.
- La suplementación sin indicación médica puede interferir con antibióticos, antiarrítmicos y fármacos de la tiroides.
El mercado de suplementos de magnesio superó los 1.200 millones de euros en España en 2025. Su crecimiento anual es del 14 %, impulsado por campañas digitales que exageran sus beneficios. Esto ha generado alertas de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) sobre publicidad engañosa. Desde el punto de vista clínico, el enfoque debe ser individualizado: medir magnesemia, evaluar factores de riesgo y descartar causas subyacentes antes de prescribir. La suplementación no es inocua, ni universal, ni milagrosa.
