La OTAN ha dejado de ser una alianza exclusivamente euroatlántica. Hoy protege intereses críticos en el Golfo Pérsico y el Sahel, donde amenazas híbridas, ataques con misiles balísticos, drones y tráfico ilícito erosionan la estabilidad regional y afectan directamente la seguridad energética y económica de sus miembros.
¿Qué ha cambiado en la estrategia de defensa de la OTAN?
La cumbre de la OTAN en Ankara marca un punto de inflexión. Por primera vez, representantes de Kuwait, Bahréin, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos asisten como socios oficiales. No es un gesto simbólico: es la respuesta a una nueva geografía de amenazas.
Los ataques iraníes contra bases estadounidenses en la región pusieron en jaque infraestructuras vitales. Las desalinizadoras —clave para el suministro de agua potable— fueron objetivos prioritarios. Eso obligó a los países del Golfo a solicitar con urgencia sistemas de defensa antimisil como las baterías Patriot.
¿Por qué el Sahel es ahora un flanco estratégico de la OTAN?
El sur del continente africano ya no es un escenario marginal. En Mali, el Estado ha perdido el control del norte. Allí opera un califato islámico de facto, alimentado por redes terroristas y financiado con tráfico de armas, drogas y migrantes.
En Burkina Faso y Níger, los enfrentamientos armados se han intensificado. El África Korps ruso —formado por mercenarios del Grupo Wagner— ha reemplazado a las fuerzas europeas, erosionando la influencia occidental y ampliando el vacío de seguridad.
El concepto de ‘zona gris’ redefine la amenaza
La OTAN ya no espera solo grandes invasiones convencionales. Ahora prioriza la guerra en zona gris: operaciones no atribuibles, desestabilización mediante desinformación, sabotaje de infraestructuras críticas y apoyo encubierto a milicias.
Estas tácticas no activan automáticamente los artículos de defensa colectiva, pero sí socavan la estabilidad económica y energética de los aliados.
¿Cómo afecta esto a la economía global y a Europa?
El estrecho de Ormuz es una arteria vital: por allí pasa el 20 % del petróleo mundial. Su bloqueo o interrupción afecta los precios de la energía en toda la UE. Además, el Sahel es una fuente creciente de migración irregular y un corredor clave para el tráfico de cocaína procedente de Sudamérica.
España, por su proximidad geográfica y su presencia en misiones de la UE en el Sahel, ha asumido un rol operativo clave. Sus fuerzas participan en entrenamiento de tropas locales y en operaciones de vigilancia marítima en el Golfo de Adén.
La cooperación con socios regionales ya es obligatoria
La OTAN no puede desplegar tropas permanentes en el Golfo ni en el Sahel. En su lugar, impulsa acuerdos de interoperabilidad, transferencia de tecnología y entrenamiento conjunto. Esto exige adaptar sus protocolos legales y sus marcos de cooperación internacional.
¿Qué marco legal regula esta expansión?
El Tratado del Atlántico Norte no contempla operaciones fuera de su área geográfica original. Pero el Artículo 11 permite acuerdos bilaterales y multilaterales con terceros países. Además, la Estrategia de Seguridad 2022 autoriza explícitamente la cooperación con socios del sur y del este.
La UE y la OTAN han alineado sus políticas mediante el Pacto Estratégico de 2023, que incluye mecanismos de coordinación en crisis híbridas y ciberataques transfronterizos.
Datos Clave
- La OTAN ha invitado por primera vez a los cuatro principales Estados del Golfo Pérsico a su cumbre de Ankara.
- El estrecho de Ormuz transporta el 20 % del petróleo mundial y es crítico para la seguridad energética de la UE.
- En Mali, el norte está bajo control de grupos yihadistas; el Estado no ejerce soberanía efectiva desde 2012.
- El África Korps ruso ha sustituido a las misiones europeas en al menos tres países del Sahel.
- Las baterías Patriot se han convertido en el estándar de defensa aérea para socios no miembros de la OTAN.
La ampliación del flanco sur no es una expansión territorial. Es una redefinición operativa, legal y económica de lo que significa defensa colectiva en el siglo XXI.
