La reciente aprobación del impuesto mínimo global del 15% para las multinacionales ha generado un intenso debate sobre su efectividad y alcance. Este acuerdo, alcanzado por la OCDE y respaldado por 147 países, se presenta como un avance hacia la justicia tributaria global. Sin embargo, la realidad es que este nuevo marco fiscal no afectará a las empresas que tienen su sede en Estados Unidos, lo que plantea serias dudas sobre su capacidad para frenar la evasión fiscal y la competencia desleal entre naciones.
### La Cede de la OCDE ante la Presión Estadounidense
Desde su creación, la OCDE ha buscado establecer normas fiscales que promuevan la equidad y la transparencia en el ámbito internacional. Sin embargo, la reciente negociación sobre el impuesto mínimo ha puesto de manifiesto la influencia que Estados Unidos ejerce sobre esta organización. La administración de Donald Trump, a través de su secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha logrado que las multinacionales estadounidenses queden exentas de este nuevo impuesto, lo que ha sido celebrado por la Global Business Alliance (GBA).
Este acuerdo, que inicialmente tenía como objetivo gravar a todas las multinacionales por igual, ha sido modificado para priorizar el ‘efecto sede’. Esto significa que las empresas pagarán impuestos en el país donde están registradas, en lugar de donde generan sus ingresos. Esta modificación no solo debilita el propósito original del impuesto, sino que también abre la puerta a la posibilidad de que las empresas busquen trasladar sus sedes a Estados Unidos para beneficiarse de esta excepción.
La OCDE, que agrupa a 38 países, ha estado trabajando en este acuerdo durante años, y la reciente cumbre ha sido vista como un hito en la lucha contra la evasión fiscal. Sin embargo, la realidad es que el acuerdo no logrará su objetivo de nivelar el campo de juego para las multinacionales de diferentes países. La falta de un marco fiscal equitativo podría perpetuar las maniobras de ingeniería fiscal que muchas empresas, como Apple, han utilizado para minimizar su carga tributaria.
### Implicaciones para la Justicia Tributaria Global
La promesa de un impuesto mínimo global del 15% fue recibida con optimismo por muchos países, que veían en ello una oportunidad para combatir los paraísos fiscales y asegurar que las grandes corporaciones contribuyan de manera justa a las economías donde operan. Sin embargo, la reciente decisión de la OCDE ha dejado a muchos cuestionando la efectividad de este acuerdo.
La ministra de Hacienda española, María Jesús Montero, había destacado en 2021 que el respaldo de 130 países a un tipo mínimo del 15% representaba un avance hacia la justicia tributaria global. Sin embargo, con la excepción para las multinacionales estadounidenses, este avance parece haber sido socavado. La falta de un marco fiscal que incluya a todas las empresas, independientemente de su sede, podría llevar a una mayor desigualdad en el sistema tributario internacional.
Además, la posibilidad de que las empresas se desplacen a Estados Unidos para beneficiarse de esta excepción plantea un riesgo significativo para las economías de otros países. Las naciones que han estado luchando por establecer un sistema fiscal más justo podrían ver cómo sus esfuerzos se desvanecen ante la presión de las multinacionales que buscan maximizar sus beneficios a expensas de la equidad fiscal.
La OCDE ha argumentado que este acuerdo es un paso hacia la modernización de las normas fiscales en un mundo cada vez más digitalizado y globalizado. Sin embargo, la realidad es que la falta de un enfoque inclusivo y equitativo podría socavar la confianza en el sistema fiscal internacional y perpetuar la evasión fiscal.
En este contexto, muchos expertos sugieren que la OCDE debería considerar alternativas más efectivas, como la implementación de un IVA internacionalmente unificado que sustituya al impuesto sobre el beneficio. Esta medida podría proporcionar un marco más sólido para garantizar que todas las empresas contribuyan de manera justa, independientemente de su ubicación.
La reciente aprobación del impuesto mínimo global del 15% ha sido un tema candente en el ámbito fiscal internacional. Sin embargo, la excepción para las multinacionales estadounidenses plantea serias dudas sobre la efectividad de este acuerdo y su capacidad para promover la justicia tributaria global. A medida que el debate continúa, será crucial que los países trabajen juntos para encontrar soluciones que aborden las desigualdades en el sistema fiscal internacional y garanticen que todas las empresas contribuyan de manera justa a las economías donde operan.
