Jorge Dezcallar no es solo un escritor. Es un diplomático de carrera, exdirector del CNI, arquitecto de la Conferencia de Madrid de 1991, y testigo directo de los cambios más profundos en la seguridad nacional y la diplomacia española. Su novela Pez negro no es ficción escapista: es un espejo de las tensiones reales que sacuden al mundo desde el 7-O, con ecos en la política exterior, la ética del poder y el peso de los silencios institucionales.
¿Quién es Jorge Dezcallar más allá del autor de ‘Pez negro’?
Jorge Dezcallar nació en Palma en 1945. Desde niño cultivó la curiosidad por lo lejano: Salgari, los maharajás, los tigres de la India. Esa sed de aventura se transformó en una carrera al servicio del Estado. Fue asesor presidencial bajo cinco gobiernos: desde Calvo Sotelo hasta Felipe González, y luego con Aznar, quien lo nombró primer civil al mando de la inteligencia española, transformando el Cesid en el actual CNI.
Fue cesado por Zapatero, tras enfrentarse públicamente a las versiones del PP sobre la autoría del 11-M. Su destierro diplomático —primero en la Santa Sede, luego en Washington— no fue un final, sino una reubicación estratégica de su experiencia.
¿Cómo se entrelazan ficción y realidad en ‘Pez negro’?
Pez negro arranca con la masacre de Hamás del 7-O. Pero no es una mera recreación. Es una reconstrucción ética de los límites del genocidio, la venganza estatal y la deslegitimación de las agencias de inteligencia ante el colapso de sus protocolos. Dezcallar no inventa: parafrasea documentos clasificados, reconstruye decisiones tomadas en silencio y da voz a los alter ego que nunca hablan en los informes oficiales.
Su personaje Asís García —jubilado, pero forzado a regresar— representa la conciencia crítica de una generación que construyó sistemas de seguridad sin prever su descomposición moral.
El peso de los silencios diplomáticos
Dezcallar ha firmado tratados que nunca se publicaron. Ha negociado paz con Rusia desde el siglo XVIII (una metáfora de acuerdos pendientes) y hasta con los indios Ácoma de Nuevo México. Estas anécdotas no son caprichos literarios: son símbolos de la diplomacia como arte de lo posible, no de lo oficial.
¿Qué impacto tiene su obra en el debate actual sobre seguridad nacional?
La novela llega en un momento crítico: las agencias de inteligencia europeas enfrentan crisis de credibilidad, filtraciones masivas y presión por rendir cuentas ante el Parlamento. En España, el marco legal del CNI sigue basado en la Ley 11/2002, reformada en 2023 para incluir supervisión parlamentaria más estricta. Pero la práctica dista de la norma.
El libro pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿pueden los servicios de inteligencia operar con ética en un entorno de guerra híbrida, desinformación y alianzas cambiantes?
La economía del secreto
El sector de la seguridad nacional mueve en España más de 1.200 millones de euros anuales. El 70 % se destina a ciberseguridad y análisis de amenazas. Pero la inversión en ética institucional, formación en derechos humanos o evaluación de impacto de operaciones sigue sin presupuesto específico. Pez negro denuncia ese vacío.
¿Qué dice el marco legal sobre la ficción que revela verdades?
La Ley de Protección de Datos y la Ley de Secretos Oficiales limitan la divulgación de información sensible. Pero la literatura no está sujeta a esas restricciones: es un espacio de reflexión crítica, no de filtración. Dezcallar opera dentro de los márgenes legales, usando la novela como herramienta de rendición de cuentas simbólica.
Datos Clave
- Jorge Dezcallar fue el primer civil al mando del CNI, tras la transformación del Cesid en 2002.
- Participó en la Conferencia de Madrid de 1991, único encuentro histórico entre la Autoridad Palestina y el Gobierno israelí.
- Fue cesado por Zapatero tras cuestionar públicamente la versión del PP sobre el 11-M.
- Pez negro se publica en 2026, tras dos novelas previas que ya habían recuperado su alter ego espía Asís García.
- La obra refleja la crisis actual de las agencias de inteligencia ante la guerra híbrida, la desinformación y la presión por transparencia parlamentaria.
